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Magdalena Castellanos - V directora de Ayalde

"La tarea más bonita es hacer comprender a los padres que construyendo juntos vamos a mejorar todos"

 

Magdalena Castellanos, actualmente dirige el Centro Educativo Arangoya, fue la quinta directora de Ayalde y en esta entrevista nos cuenta su experiencia a lo largo de los 8 años que estuvo trabajando al mando del Colegio.

 

 

 

 

 

 

Magdalena, después de haber estado trabajando en un colegio de Infantil como Seaska, ¿qué te supuso el cambio?

Me encontré con dos realidades totalmente distintas, venía de un colegio muy pequeño y me enfrenté a otro con más de 1000 alumnas y una plantilla muy grande. Gracias a Dios, Ayalde funcionaba muy bien, con lo cual fue para mí un reto mantener todo lo bueno que había en el Colegio, y que siguiera creciendo y llegar a más familias. Al principio te impone un poco pero luego una vez allí te das cuenta que la convivencia es muy agradable entre las profesoras, las familias y las alumnas.

 

¿Cómo canalizas la responsabilidad de tu trabajo sobre las alumnas, profesoras y familias?

La relación con las familias es el pilar de nuestra educación, la tarea más bonita es enseñar a valorar a los padres lo que se está dando en el colegio y animarles a participar en la marcha del colegio, aportando cosas, no sólo quejándose. Intentar trabajar con afán de construir porque al fin y al cabo es su colegio.

¿Cómo se logra mantener ese "buen hacer" que siempre ha caracterizado al colegio 40 años después? El ideario no cambia, la sociedad sí. Hay que ir adaptándolo con los tiempos que te toca vivir. Hace 40 años no había las libertades que tiene hoy la juventud. Todo eso hay que abordarlo desde otra perspectiva. Hoy en día vivimos en una sociedad hedonista y materialista pero se puede sacar adelante, sobre todo si cuentas con el apoyo de los padres. Hay que ir a contracorriente.

 

¿Qué aspectos resaltarías de las alumnas de Ayalde?
Para las alumnas lo más importante es quererles, que sepan que les quieres y que te importan. Lo que queremos es el bien para ellas. Cuando una alumna lo entiende, es entonces cuando responde. También es fundamental la exigencia, estamos ante una juventud muy poco exigida pero si ellas ven las dos cosas a la vez, esa exigencia la aceptan. Si sólo les damos cariño vamos a hacer unas mujeres flojas, sin una valía para el futuro y difíciles de tratar. Si logramos equilibrar exigencia y cariño conseguiremos nuestros objetivos. Recuerdo una alumna que vino de Madrid al colegio y me contó que cuando se fue a pasar las Navidades sus amigas le decían lo cambiada que estaba, le preguntaban: "¿qué te dan en ese colegio?" a lo que ella respondió: "Es que me quieren, y como me quieren y me entienden yo respondo igual".

 

¿Qué recuerdos tienes de tu paso por Ayalde? El día a día en el colegio fue un momento para aprender, de lo bueno y de lo regular también. Al ser un colegio tan grande, la única pena que tengo no haber tratado con más cercanía con todo el personal. Pero en definitiva fueron unos años que disfruté muchísimo y aprendí mucho y me impresionó el compañerismo que había entre la gente.

 

¿Qué momento tienes grabado en la retina? Tengo muchos, pero uno de los más difíciles fue cuando nada más aterrizar en el Colegio tuvimos que poner en marcha la organización de la Beatificación de San Josemaría. Era un montaje enorme, mesas redondas, conferencias, el viaje con las familias... ¡Creía que iba a ser imposible! Pero todo al final salió fenomenal. Supuso una gran prueba de fuego.

 

¿A quién recuerdas con especial cariño? Imposible decir una sola persona, trabajé con tantas personas y de todas ellas aprendí muchísimo pero, recuerdo porque trabajábamos muy estrechamente a Mª José Urandurraga que siempre tenía una palabra agradable, que siempre sonreía. Y a Mª Asun ¡tan divertida!, y a Pitu, a Ana Zarrabeitia, a Carmen Monasterio, Pilar Ibarlucea... ¡Son tantas! La gente en Ayalde trabaja siempre con una visión muy positiva y eso hace más fácil superar las dificultades.